PANADEROS

Familia Cano

San Cristóbal, Antioquia

Abuela: María Georgina Alvarez

Hija: Sarai Emilia Cano Alvarez

Esposo: Jorge Iván Uribe Duque

Cuando desde la calle llegan los olores azucarados de la vida, la gente de San Cristóbal se apresta para saborear la historia de los Álvarez: una suerte de formas golosas que se pegan al alma y van redondeando la vida con unos almíbares inolvidables que se quedaron para siempre en los pobladores del caserío.  La primera fue doña Georgina que empezó a amasar el destino de su familia en la pequeña cocina de su casa: ella alistaba los ingredientes y utensilios con una mística envidiable y le iba dando forma a las frituras que copiaba del único mundo que conocía.

Cuando observamos una imagen esperamos que ella confiese algo, esperamos que cada color, forma y figura sea la representación de una emoción, una historia, un instante, o de cualquier otra cosa. De igual modo esperamos que la imagen nos cuente sus secretos, de lo que fue su propia trayectoria hasta el momento que se convirtió en imagen, por esta misma razón intentamos siempre interpretarla. En el caso de la fotografía esta afirmación se hace mucho más evidente puesto que, por lo general tenemos la certeza de que tal representación bidimensional tuvo un observador como nosotros pero en otro tiempo y en otro espacio. Pero en este caso, mi tarea en medio de la imagen fotográfica no era simplemente la de observar, sino también de escuchar e imaginar…

Mis recuerdos son vagos y de poca importancia, pero guardo en mi memoria sabores de papas, empanadas, buñuelos y papas rellenas así como de pasteles de guayaba, lenguas y panes con queso; algunos colores y varios caminos recorridos en la infancia. Por ejemplo, reconozco entre los vestigios de mis recuerdos la cocina de mi abuela paterna cuando yo rondaba los 5 o los 6 años de edad; era un lugar no muy amplio, con muchas ollas, un fogón de dos puestos y una ventana a la derecha al lado de la puerta de entrada que dejaba pasar la luz del sol únicamente en horas de la tarde. Recuerdo además, de forma muy vaga una masa blanca con queso entre mis manos mientras intentaba recrear la cabeza de un ratón que luego mi abuela pondría en una olla con aceite caliente para fritarla y así convertirla en un buñuelo hecho por mí. Pero los sabores y recuerdos no sólo se limitan a mi infancia y a la cocina de mi abuela, quien todos los días se levantaba a las 4 am. para cocinar sus buñuelos, empanadas y papas rellenas para la venta. Recuerdo mi yo adolescente y a mi tía paterna con el piso blanco de su casa por la harina esparcida,  mientras que ella y su esposo amasaban panes y los horneaban. Entretanto, yo esperaba mientras saboreaba un pastel con el dulce de guayaba aún caliente. Y por último, el recuerdo vivo de mi papá quien desde hace 18 años continúa vendiendo las frituras de mi abuela y los panes y pasteles horneados por mi tía y su esposo, permitiendo que la tradición de sus cocinas perviva.

Como  diseñadora en el Proyecto fotográfico Barroco Tropical, mi función fue ser una niña que escuchaba las historias de la fotógrafa viajera con su cámara. Mis diseños son cuentos ilustrados, desde el intento de imaginar las vivencias con las diferentes familias, el los diferentes lugares que se visitaron. Si!, esa era mi función… la de escuchar e imaginar, un trabajo a veces aburrido y otras veces excitante, puesto que mi días eran ordinarios entre las hojas de papel, los lápices y la pantalla con el Photoshop en comparación de las aventuras con las familias y los objetos que la fotógrafa coleccionó en cada una de sus experiencias. De esta manera, conocí familias que transmitían conocimientos, costumbres y oficios por medios diferentes a cada uno de sus herederos, conocí paisajes lejanos y personas que quizá nunca sabrán de mí. Sí, soy la persona que ordenaba el caos de las fotografías, la misma que pasaba horas y horas intentando comprender lo que la fotógrafa quería decirme con cada imagen capturada. Luego, las historias se volvieron imágenes junto con los días de calor, las intensas horas de trabajo y las soledades en medio de Fotografías y mi labor como oyente de historias y experiencias terminó. En consecuencia, después de un tiempo, supe que las fotografías ya contaban sus propias historias sin necesidad de palabras, que cambiaron de lugar y que ahora son imágenes que se exhiben y se presentan ante el mundo.

Las historias de la Serie Barroco Tropical parecen sencillas, pero las fotografías y sus retratos expresan el detalle minucioso que se va tejiendo en cada objeto que se observa. Abuelos, padres, madres, hijos e incluso nietos van hilando sus experiencias con cada objeto o acción que realizan y son ellos (los retratados) los que no permiten que la memoria muera sólo entre las palabras, sino que se materialicen de generación en generación a través de cada oficio que realizan. No es en vano entonces que en esta serie encontremos familias dedicadas a la carnicería, la panadería, el cultivo, la producción de velas o la ejecución y venta de flores de papel o incluso al coleccionismo de juguetes; de esta manera, las fotografías no sólo son capaces de contar la historia de una familia, sino la de representar las costumbres de una comunidad y de una sociedad que es capaz de hacer perdurar sus conocimientos a través del tiempo. No sé qué seguirá después, no sé qué pasará con las fotografías y las exposiciones o conversatorios sobre la producción de esta serie. Pero espero que esas historias que una vez llegaron a mis oídos, diciéndome que existían nunca mueran.

Yennifer Cano Rojas. Artista plástica.

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