CARNICEROS

Familia Gallego Jimenez

San Jerónimo, Antioquia

Abuelo: Aldemar Gallego Osorno

Abuela: Dora Jimenez

Hijo: Leonardo Gallego Jimenez

Esposa: María Aura Bedoya

Hijas: Isabel Cristina, Katerin Julieth, Adiela María Gallego Bedoya

Hijo: Juan Fernando Gallego Bedoya

Blancas las tiendas adornaban el parque con sus balanzas plateadas y rojos los colgajos de carnes se desprendían como rayos esquivos casi siempre para los más pobres.  Y como en lucha sangrienta, las dagas se fundían con el llamado a misa de siete.

Don Aldemar presenció ese cuadro por años hasta que sublimó su arte a través de las manos de su hijo, Leonardo; quien continuó oficiando la faena de la vida en la Plaza de Mercado del pueblo, hoy su esposa Aura, entre otros personajes de la familia, son los amigos inseparables del oficio.

En nuestra cultura el consumo de animales no está exento de una carga simbólica que ocasionalmente pasa desapercibida, la vigilia que prohíbe el consumo de carne en períodos determinados, son además atavismos y trasformaciones de creencias que vienen de tiempos remotos.

La carne se asocia a lo masculino y la sangre a lo femenino, la imagen del carnicero entonces se asocia a un hombre, las imágenes que nos ofrece esta visión antropológica de las fotografías rompen esa costumbre y salen de lo casual cuando es una mujer la que accidentalmente termina rompiendo los tabúes que enmarcan el oficio de la carnicería.

El carnicero en nuestros pueblos conoce a fondo su función y su cliente, sabe muy bien que no hay nada mas largo que una semana sin carne.

La imagen que se nos presenta es en apariencia una contradicción, flores color carmesí, color de sangre casi fluidas, sangrantes que con el  hierro de los ganchos forma con básculas y afiladoras un extravagante mosaico, aséptico, limpio reforzando esa contradicción entre el metal y lo orgánico.

Llenas de cargas simbólicas las imágenes de los rostros adustos simples de mirada firme y paradójicamente, a pesar de su oficio dejan a asomarse a la ternura, el tiempo y el oficio marcan.

Los fieles de las balanza terminan convirtiéndose en una representación del tiempo, relojes que marcan el peso de los años,  años de destazar, porcionar, partir, tajar, afilar, colgar, deshuesar, congelar, envolver, pesar una y otra vez, un estribillo de la vida que se repite con sonidos metálicos del hierro que corta.

La fotografía deja aquí un testimonio al que solo le faltaría el olor penetrante de la sangre, de las entrañas, del matadero y el destazadero, nos presenta entonces una visión aséptica del oficio dignificando y rodeando de delicadas flores en notas muy finas y delicadas, hasta el punto de darnos una visión estética y a manera de delicado ornamento casi un homenaje religioso a la pareja que solo en vigilia, descansa.

Javier Cruz Góngora. Artista visual.

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